Otra excursión de un día, y que nos deja algo de tiempo para darnos un chapuzón de última hora en la piscina es la de Loulé y Faro.
Loulé debe visitarse en sábado, pues es el día en el que hay mercado. En lo alto del pueblo se encuentra el Mercado Municipal que éste día de la semana se engalana y se lleva de puestos de frutas, especias, vinos, artesanía,... un recorrido muy agradable.
Loulé es un pueblo de origen árabe, con unas callejuelas muy estrechas y encaladas de blanco, y con restos visitantes de un castillo árabe. Es pequeño, pero encantador, como la mayoría de los pueblos que hemos visitado. Hay un aparcamiento a la entrada, nada más pasar el puente a la izquierda, y no cuesta andas todo el pueblo.
A pesar de este pequeño tamaño, el sábado tiene mucha vida: Los bares están llenos de gente, las tiendas abiertas, y las calles llenas.
A pocos kilómetros se encuentra Faro, una ciudad grande, donde se encuentra el aeropuerto del Algarve, pero que conserva un casco antiguo decadente y lleno de encanto.
Dentro del casco antiguo es muy difícil aparcar, pero cerca de la estación de tren siempre hay sitio. Entre la estación y el casco antiguo se encuentra una zona llena de restaurantes. Nosotros comimos en el Lodo, una marisquería ostrera, un poco alta de precio, pero con una calidad de producto impresionante (eso sí, el servicio lento como la mayoría).
Y una vez en el caso antiguo, sólo hay que pasear y recorrerse todas las callejas para apreciar la decadencia de esa ciudad: Multitud de edificios desocupados y dañados, pero aún así, la Ciudad Velha es preciosa. Además, tiene una vida cultural impresionante; en un paseo de unas horas, vimos dos conciertos y un edificio preparado para proyectar un festival de cortos.