domingo, 29 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. LOULÉ Y FARO.

 Otra excursión de un día, y que nos deja algo de tiempo para darnos un chapuzón de última hora en la piscina es la de Loulé y Faro.

Loulé debe visitarse en sábado, pues es el día en el que hay mercado. En lo alto del pueblo se encuentra el Mercado Municipal que éste día de la semana se engalana y se lleva de puestos de frutas, especias, vinos, artesanía,... un recorrido muy agradable.

Loulé es un pueblo de origen árabe, con unas callejuelas muy estrechas y encaladas de blanco, y con restos visitantes de un castillo árabe. Es pequeño, pero encantador, como la mayoría de los pueblos que hemos visitado. Hay un aparcamiento a la entrada, nada más pasar el puente a la izquierda, y no cuesta andas todo el pueblo.

A pesar de este pequeño tamaño, el sábado tiene mucha vida: Los bares están llenos de gente, las tiendas abiertas, y las calles llenas. 

A pocos kilómetros se encuentra Faro, una ciudad grande, donde se encuentra el aeropuerto del Algarve, pero que conserva un casco antiguo decadente y lleno de encanto.

Dentro del casco antiguo es muy difícil aparcar, pero cerca de la estación de tren siempre hay sitio. Entre la estación y el casco antiguo se encuentra una zona llena de restaurantes. Nosotros comimos en el Lodo, una marisquería ostrera, un poco alta de precio, pero con una calidad de producto impresionante (eso sí, el servicio lento como la mayoría). 

Y una vez en el caso antiguo, sólo hay que pasear y recorrerse todas las callejas para apreciar la decadencia de esa ciudad: Multitud de edificios desocupados y dañados, pero aún así, la Ciudad Velha es preciosa. Además, tiene una vida cultural impresionante; en un paseo de unas horas, vimos dos conciertos y un edificio preparado para proyectar un festival de cortos.

sábado, 28 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. TAVIRA

 Tavira es otra ciudad costera ubicada en la desembocadura. Su dibujo es muy curioso: se encuentra en la orilla del Río Gilao, y entre la costa y el mar hay una franja de tierra (Ilha de Tavira) que constituye el Parque Natural de Ría Formosa.

El pueblo mantiene el encanto de todos estos lugares portugueses; ha sabido encontrar el equilibrio entre lo turístico y su propia esencia. Nota: Todo el centro es zona de aparcamiento regulado y no se puede dejar el coche más de cuatro horas, pero detrás del mercado (quinientos metros del centro) hay un aparcamiento grande y gratuito (bueno, algún gorrilla sí hay).

El recorrido por el pueblo es de obligatoria visita el Castillo Medieval y la Iglesia de Santa María do Castelo, además de disfrutar de las calles estrechas y las casas blancas, muchas con espectaculares fachadas de azulejos.

Lo recomendable en este pueblo es tomar el Ferry hacia la Ilha de Tavira (2,5 € ida y vuelta, frecuencia cada 30 minutos, último Ferry sale de la isla a las 20:00). Consulta horarios aquí.

La isla es un estuario de dunas muy bien organizado. Tiene una zona de restaurantes, supermercado y tiendas, y la playa está muy limpia y tiene servicio de sombrillas y tumbonas (y un chiringuito con camareros que sirven en las tumbonas).

Con niños, lo recomendable es alquilarse un par de tumbonas (14 € dos tumbonas y sombrilla; 18 € dos tumbonas y jaima); si no se tienen niños, siguiendo la línea de la costa se llega a zonas más despejadas.

La playa es una pasada, kilómetros y kilómetros de arena fina llena de conchas (recomendable llevar un cubo, porque si no, los padres terminamos con los bolsillos a reventar de conchas), el agua está muy limpia (se pueden ver muchos peces) y no está tan fría como la del resto de playas (o es que nos estamos acostumbrando y hemos ganado insensibilidad al frío).

En la zona de restaurantes, comimos en el Pavilhao da Ilha: Pescado y marisco muy fresco y a la brasa, y una carta de vinos pequeña pero no inflada. Recomendable reservar y acudir a última hora para evitar que vayan muy lentos.

viernes, 27 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. SILVES Y LAGOS

Otro día en el que hemos decidido dejar la playa de lado y visitar los pueblos...

Silves es un pueblo de interior al que se accede a través de campos de frutales y viñas. En lo alto destaca el Castillo de Silves, de origen árabe y estupendamente conservado (entrada, 2,80 €), y con unas vistas impresionantes de todos los alrededores. 

Se nota que fue la antigua capital del Algarve, pues tiene muy bien conservados otros monumentos como la Sé de Silves (catedral, entrada 1,5 €), el Museo de Arqueología, la Cámara Municipal... está divertido perderse un rato por el pueblo. 

Después, nos acercamos a Lagos, ciudad turística costera, pero que mantiene su esencia. Hay que visitar, sobre todo, la parte interior del recinto amurallado (se puede aparcar perfectamente en cualquiera de los aparcamientos que hay fuera de la muralla).

El centro de Lagos tiene mucho encanto, las calles principales están empedradas y llenas de restaurantes, tiendas de artesanía, bodegas... A medio día es fácil encontrar sitio para comer, pero por la noche es mucho mejor reservar. Nosotros comimos en el D. Sebastiao, un clásico que no defrauda.

Una de las calles principales desemboca en el Museo de los Esclavos, ubicado en el edificio donde se encontraba el primer mercado de esclavos de Europa.... 

Por la tarde, después de terminar el paseo, se llega hasta la desembocadura del río, donde está el Fuerte da Ponta da Bandeira. Si se quiere cruzar al otro lado Del Río, hay pequeñas barcas que van de un lado a otro constantemente.

Al atardecer sube la marea, y es el mejor momento para tomar uno de los pequeños botes a motor que hay en las orillas y coger la ruta hasta Punta da Piedade. No recomendamos coger uno grande, los pequeños acceden mejor entre las piedras y por las cuevas (en portugués, Algar es agujero) llenas de agua. Salen como a 20 € adultos y 10 € niños y dura alrededor de una hora.

Esta excursión merece la pena, empieza recorriendo las pequeñas calas de Lagos (Praida da Batata, Praia dos Estudiantes -donde se ven las ruinas de un fuerte destruido por un terremoto en el S . XVII-), y se termina en Ponta da Piedade, una de las zonas más bonitas del Algarve. Si el patrón se enrolla, se meterá por pequeñas entradas que dan a zonas donde el agua es transparente rodeadas por acantilados cerrados. Impresionante.

jueves, 26 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. BENAGIL, CARVOEIRO Y FERRAGUDO.

Siguiendo la línea de la costa desde Praia Marinha, el primer pueblo que nos encontramos es Benagil: Es un pequeño pueblo con un puerto donde se abarrotan los turistas para contratar paseos en kayac o en barco por la costa.

El siguiente pueblo es Carvoeiro: Este es un pueblo muy turístico dirigido al turismo familiar. Tiene unas playas espectaculares, empezando por la propia Praia de Carvoeiro, una de las imágenes icónicas del Algarve. Subiendo por el lado izquierdo de la playa, se llega a una ermita desde donde sale un bonito paseo por pasarelas de madera por encima de los acantilados.

El pueblo está lleno de bares, restaurantes y tiendas donde poder comprar souvenirs. Incluso en la pequeña plaza junto a la playa sale un tren turístico (4 € adultos, 2 € niños), pero no merece la pena, la mayoría del tiempo circula por urbanizaciones de casoplones que te ponen los dientes largos (sí, nos gastamos los 10 € para montar los tres).

El tercero es Ferragudo: Para nosotros, el más bonito de los tres. Es un pequeño pueblo de pescadores que todavía conserva el encanto de las calles pequeñas y del puerto de pescadores. 

Aparcamos en lo alto, junto a la Igresa da Nossa Senhora da Conceicao (Ntra. Sra. de la Concepción, visitable por 1,5 €), y después bajamos callejeando hasta llegar al puerto. Perderse por las calles de Ferragudo es uno de los placeres obligatorios en el Algarve. 

En el puerto, comimos en el Borda do Cais: Pescado fresco, del que hace pocas horas estaba nadando, a precios medio-altos. Después, para bajar la comida, seguimos callejeando por allí, viendo a lo lejos el Castelo de Sao Joao de Aradle. 

Enfrente de Ferragudo, al otro lado de la ría, se encuentra Portimao. Es una ciudad vacacional llena de modernos edificios y rascacielos para alojar al máximo número de turistas posibles, y ha perdido un poco el encanto del resto de pueblos que lo rodean. 


miércoles, 25 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. PRAIA MARINHA Y ALREDEDORES

Nos hemos alojado en Lagoa, en una urbanización cercana a la playa, como a 200 metros (de los cuales, 150 son en plano y 50 a base de escaleras...). Esta zona de costa está llena de calas pequeñitas (quizás Praia Marinha es de las más grandes), a algunas de las cuales no es posible llegar a pie.

Bajando a Praia Marinha sale un caminito a la izquierda, desde donde iremos bordeando la costa por lo alto de los acantilados. La primera playa que encontramos es la de Malhada do Baraco, a la que no se puede llegar a pie. Después nos encontramos con la Praia do Barranquinho (el único desvío que sale en el camino, la rama de la derecha; pista: como a diez metros hay un muro de piedra). 

Es una playa salvaje, estrecha, con aguas limpias y muy poca gente (en verano, sí, hay gente). Merece la pena el viaje (no son más de quince minutos a buen paso; parándose y disfrutando del paisaje sí llegamos a la media hora).

A la vuelta es recomendable perderse por los caminos: Hay muchas zonas valladas con profundas simas que dan al mar, además de una gran diversidad de senderos entre árboles y vegetación salvajes (parece complicado, pero con el google maps, hoy en día no se pierde nadie). Eso sí, no hay que llevar chanclas de playa.

Si no apetece perderse por los acantilados, quedarse en Praia Marinha es buena opción. Con la marea baja es posible alejarse varios cientos de metros desde el acceso a la playa (la única zona vigilada), pero si sube la marea las calas quedan aisladas, con lo que hay que mojarse para volver (en el sentido más literal de la expresión).

Al alejarse de la bajada a la playa, justo en el otro extremo, se encuentran los ojos de Praia Marinha, la imagen más icónica de esta playa (si se quieren fotos, hay que llevar el móvil en una funda impermeable), además de multitud de grutas y calas pequeñas. Se puede llegar perfectamente con niños, aunque hay que llevar escarpines para pasar por las zonas de rocas.

En cuanto a restaurantes, hay un buen puñado de ellos por la zona. En Benagil (un pueblo minúsculo cercano a nuestro apartamento, pero hay que ir en coche) tenemos varios sitios. Hemos probado:

- O Litoral: Muy buena la Cataplana (guiso de pescado y marisco típico de la zona que se hace en una cazuela especial), pero las bebidas especialmente caras y el sitio tiene poco glamour. Precio medio. Tiene un aparcamiento justo enfrente.

- O Pescador: A 30 metros del anterior. Cocina un poco más elaborada y terraza con buenas vistas al puerto de Benagil. Precio alto pero muy buena calidad.

- Brasserie Marina: El mejor que hemos probado. Cocina moderna con un producto fresco y muy bien cuidado. De los que no extrañaría que con el tiempo tuviese una estrella Michelín. El más caro de los tres (100 € para cenar dos adultos y una niña).  Merece la pena dar un homenaje en este sitio.

Para ir de un sitio a otro (incluyendo a los supermercados cercanos) es necesario el coche. Y hay que decir que las carreteras se las traen (de las que sólo en un par de tramos puedes meter quinta...), pero no hay prisa, estamos de vacaciones y también se disfruta conduciendo por estos sitios.

lunes, 23 de agosto de 2021

EL ALGARVE CON NIÑOS. LLEGADA.

Desde Ayamonte se accede a Portugal en minutos. Lo primero que debemos hacer es registrar nuestro vehículo (junto con la tarjeta de crédito) en la autopista... todas las autovías de Portugal son de pago, tarifadas por tramos y con registro electrónico de las matrículas.

También se puede circular por la N125, que está bien señalizada, aunque hay rotondas cada cierto tiempo. El resto de carreteras son comarcales, con mucho encanto si te gusta conducir, aunque en ocasiones te pones nervioso cuando hay poco espacio y viene un camión de frente...

El combustible es mucho más caro en Portugal que en España, por lo que se debe cruzar la frontera con el depósito lleno. Afortunadamente, en Ayamonte hay gasolineras a cascoporro (tanto para españoles como para portugueses que cruzan la frontera para llevar el depósito).

Tenemos la casa junto a Praia Marinha, en Lagoa, más o menos en el centro del Algarve, para poder movernos de una punta a otra sin invertir excesivo tiempo en el viaje. De una punta a otra del Algarve vienen a ser menos de dos horas por la autopista (Portugal tiene una media de 218 km de ancho), para tenerlo en cuenta a la hora de programar la residencia y los viajes.

El Algarve es famoso por las playas y los acantilados (Algar es el nombre con que denominan a los agujeros excavados en la roca por el mar). De hecho, hay algunas playas a las que sólo se puede acceder por el mar... y o nadas mucho, o tienes un bote o un yate, porque es imposible bajar por esos acantilados de más de cien metros. 

Pero además del paisaje natural, tiene unas ciudades y pueblos llenos de encanto y realmente agradables de pasear. Y los vinos y las comidas son para quitarse el sombrero... o para volver con dos kilos de más en una semana de vacaciones, como yo.

domingo, 22 de agosto de 2021

MÉRIDA CON NIÑOS

 Pues hay que reconocer que Mérida es una ciudad mucho más moderna que lo que la cantidad de ruinas de la ciudad nos puede hacer pensar... Restaurantes de muy alta calidad (desde comida fusión, vegetarianos, extremeños... hasta raciones y tapas), así como una variedad de bares y cafeterías impresionante (nos encantó una donde podías tomarte un café y acariciar unos gatitos).

Nos alojamos en el Velada Mérida, que está bastante bien situado (no más de quince minutos al casco histórico andando), y tiene piscina y bar-terraza, aunque está un poco viejito (eso sí, limpio como la patena y el personal super amable).

Con niños, se puede hacer una buena ruta por los restos romanos de la ciudad. Comenzamos en el Museo de Historia Romana (visita gratuita hasta Septiembre 2021), donde los niños pueden ver los mosaicos y, sobre todo, los objetos de la vida cotidiana de los romanos (agujas, cubiertos, monedas, menaje...). Luego están las visitas al foro y el teatro, la casa (puedes pagar una entrada por todas ellas y sale bien de precio)... aunque hay colas por todos los lados. Si no te apetece pagar, una visita al Templo de Diana y al Patio, que están en plena calle, puede servir para apreciar la maravilla de esos edificios. 

En cuanto a dónde comer, posiblemente estemos en una de las ciudades con mayor concentración de restaurantes de alta calidad por metro cuadrado del mundo. Probamos el Barbarrossa y el Gastroart, y ambos impresionantes, cada uno en su estilo. Barbarrossa es más estiloso, muy cuidado; Gastroart es más bohemio, con una zona de mercadillo artesano... pero el nivel de cocina en ambos es muy alto.